5 VERDADES SOBRE EL TURISMO EN LAS ELECCIONES 2026

El turismo en Colombia vive una paradoja inquietante: es un gigante económico que sigue siendo tratado como un «invitado de piedra» en las mesas donde se decide el futuro del país. De cara a la primera vuelta presidencial del 31 de mayo de 2026, las candidaturas ya están sobre la mesa, pero el sector parece seguir atrapado en el discurso de las buenas intenciones. Aunque todos los candidatos lo mencionan, pocos lo entienden como una industria con reglas propias. El calendario electoral avanza y, mientras las cifras de viajeros suben, la profundidad del debate político parece estancada en la superficie, dejando al sector en un limbo estratégico peligroso.


La Soledad de la Estructura: El Caso Sergio Fajardo
En este panorama de propuestas dispersas, Sergio Fajardo emerge como la excepción técnica. Es el único candidato que ha decidido tratar al turismo no como un anexo de otras carteras, sino como un sector autónomo y estratégico bajo el capítulo titulado “Turismo. Protege, valoriza e integra”. Su programa intenta articular una visión nacional que abarca desde la seguridad turística hasta el manejo de datos y la formación del talento humano. Sin embargo, esta estructura robusta se enfrenta a la «fragilidad institucional» crónica de los territorios donde el plan debe ejecutarse. El gran reto de Fajardo no reside en su diagnóstico, que es acertado, sino en la incertidumbre sobre su viabilidad financiera. Tener un plan detallado es un avance, pero la industria teme que la falta de recursos convierta esta política en un ejercicio académico sin capacidad de ejecución real.


El Turismo como «Subordinado» de la Seguridad y el Orden
Para candidatos como Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, el turismo no es el motor principal, sino un subproducto del orden. De la Espriella lo ubica en su Pilar 10, fusionado con Cultura y Deporte, asumiendo que la seguridad por sí sola activará la industria, una visión que simplifica la complejidad del sector. Esta subordinación se hizo evidente ante la ausencia de los candidatos en los foros técnicos. Fue la industria la que tuvo que buscar interlocución con las fórmulas vicepresidenciales ante el silencio de los aspirantes. Juan Daniel Oviedo (VP de Valencia) señaló una de las verdades más incómodas: la alarmante falta de datos que impide ver al turismo como un «catalizador económico real». «Es necesario recuperar la iniciativa privada, mantener la formalización como política y avanzar en la simplificación regulatoria, además de contar con una plataforma de información robusta para la toma de decisiones». — José Manuel Restrepo, fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella.


El Riesgo de la Dispersión: Territorio vs. Sector
Las visiones de Claudia López e Iván Cepeda presentan un desafío distinto: la fragmentación del concepto técnico en favor de narrativas sociales. López fragmenta el turismo por regiones (Amazonía, Pacífico, San Andrés), mientras Cepeda lo diluye en una narrativa de transformación social y comunidades afrodescendientes. Si bien estos enfoques son coherentes con las necesidades sociales, carecen de «herramientas concretas de implementación». Al convertir al turismo en una herramienta de justicia social sin un respaldo operativo sectorial, se corre el riesgo de que la industria pierda su identidad técnica y su capacidad de escala. Esta «amplitud» termina dejando al sector sin un eje rector claro. Sin herramientas operativas, el turismo deja de ser una política de Estado para convertirse en un concepto etéreo, transformándose en una promesa de bienestar que carece de la maquinaria empresarial necesaria para hacerse realidad.


El Silencio que Grita: Cuando la Técnica Espanta a los Candidatos
El síntoma más revelador de esta campaña es la evasión sistemática del debate técnico. Mientras los candidatos hablan cómodamente de «biodiversidad» en medios masivos, sus equipos han ignorado las solicitudes de entrevista de medios especializados como Ladevi, evitando escenarios donde las preguntas son específicas y exigentes. Hablar de paisajes es sencillo; lo difícil es responder por la carga tributaria, la informalidad galopante o la falta de conectividad real. Este silencio confirma que las campañas prefieren el aplauso del discurso generalista antes que el compromiso con la industria que hace posible que el destino funcione. La desconexión es profunda: se promociona el destino, pero se ignora a la industria. Este desinterés por el detalle técnico demuestra que, para la mayoría de los candidatos, el turismo sigue siendo un accesorio estético en sus planes de gobierno y no una estructura productiva que requiere gerencia.


La Agenda Gremial vs. La Promesa Electoral
Mientras los candidatos navegan en la ambigüedad, el sector privado mantiene una hoja de ruta nítida. ANATO ha planteado tres pilares innegociables: turismo como política de Estado, competitividad y productividad, e infraestructura y conectividad, exigiendo que se deje de tratar al sector como una «oportunidad» fortuita. «Invertir en turismo no es un gasto, sino una decisión económica estratégica». — Paula Cortés Calle, presidente ejecutiva de ANATO. La postura del gremio es un llamado al realismo frente a la superficialidad electoral. La brecha entre la claridad técnica de la industria y la vaguedad de las promesas políticas sugiere que el próximo gobierno podría carecer de la brújula necesaria para potenciar el crecimiento que el país ya está experimentando.


Conclusión: Un Crecimiento Sin Brújula
El análisis de la actual contienda electoral deja un sentimiento de realismo crudo. Es innegable que el turismo ha ganado espacio en el discurso, pero sigue rezagado en la jerarquía real de las políticas de Estado. El país corre el riesgo de repetir el patrón de crecer en cifras por inercia, pero sin una estructura que lo proteja. La pregunta para el próximo gobierno es crítica: ¿Puede Colombia permitirse seguir tratando al turismo como un simple relleno de campaña? Seguir avanzando sin una política formal y técnica que respalde a la industria no es solo un descuido, es un error estratégico que el país pagará con falta de competitividad.